Somos manos de mujer, por ahora, esto no es un asunto de género, pero quise partir por mis pares. Esto es nuestro proyecto de Arte, un espacio donde podemos ocupar la palabra libertad sin caer en la obviedad de lo que ella representa, porque incluso podría evocar a la siutiquería de la paloma blanca y no me parecería una imagen tan ridícula.

En el Centro Penitenciario Femenino de San Joaquín, en un container que amablemente me presta la Fundación Abriendo Puertas, conseguimos darnos vuelta la piel y hacer algo que es casi imposible de explicar, sin tocarlo, leerlo ni olerlo. Me gustaría que entraran a este lugar de prisión femenina, solo los que se sientan interesados en hacerlo por las razones que quieran… acá solo se exige respeto. Se conversa, se trabaja, se deja el corazón. En nuestro taller, no nos prometemos nada más que lo que nuestros afectos, capacidades y condiciones de seres humanos nos permiten.

El resultado es una fuerte unión y la convicción mutua, de que creamos aire puro en un lugar donde pocas veces se puede respirar.