manoslibres

 

Me encantaría para hacerlo más fácil, hacer lo que mejor sé… hablar de mí.

Tengo cuarenta y dos años, de los cuales viví casi dieciocho dedicada a la producción de moda. Pero esto afortunadamente no es una biografía, porque sería injusto contar la mía y no las de mis compañeras que están adentro del Centro Penitenciario Femenino de San Joaquín del Patio 1 y COD. Este es nuestro lugar, donde junto a alrededor de veinte mujeres, hacemos un proyecto de Arte que no tiene fin ni fines, solo tiene mujeres a cargo de presentar desde un mundo de encierro, la libertad que da el poder darle la forma y el color que queramos a la ropa que recibimos.

¿Qué ropa? La que se dona para este proyecto, la que se saca la gente sin prejuicios de darnos la oportunidad de no usarla para taparnos, sino de convertirla en Objetos de Arte. Ropa que sirve para hacer de nuestro corazón un espacio nudista, que pasa por nuestras manos solo para apretar cada prenda con la furia o ligereza que queramos, y convertirla junto a otra en objetos, pensamientos, dolor, vida, alegría, etc. Tu ropa, lo convertimos en pelotas que tengan alguna señal del pasado de la prenda, por ejemplo de una polera un cuello, de una camisa un botón, etc. La cosemos con lana y pasión, para que sea un sentimiento apretado, transformado un nuevo objeto. Además de  reciclar la ropa, se reciclan las ganas de salir corriendo con la prenda aunque encante, y el sentimiento que amarramos en esa bola cocida con al menos tres colores.

Agradezco cada instante en que he vivido entre mis compañeras, porque en ese lugar me siento más protegida y feliz que en muchos otros. A los que se preguntan de qué si me ha pasado algo alguna vez en la cárcel, les cuento que siempre cosas mucho mejores y más gratas que afuera. A los que se preguntan también cómo es una ¨delincuente¨, les cuento que mucho mejor que yo, más inocentes y amables que varios que he visto pasar por mi vida.

¿Cómo partió, cómo siguió, cómo quiero que siga?… son cosas que tengo que saber contestar, pero no lo hago con gusto, porque no sé explicar nada bien cuando se trata de mí, esa es la única vergüenza que reconozco tener, la propia.

Juanita Vial

Prefiero cantar

Días y días. Es una expresión estupidísima, porque los días son eso, cuatro letras.

El papá de un pololo que yo tenía cuando era muy joven, un día me dijo eso, cuatro letras. Mi amiga Francisca Olivares se ríe hasta hoy. Han pasado más de veinte años y todavía nos da risa.

Pero hoy pocas cosas me dan risa. Quizás es por la emoción de haber visto a tanta gente importante en mi vida. Darme cuenta de que todavía están aunque no les conteste el teléfono porque odio contar amarguras.

Cuando estaba en el colegio me hacían hacer una lista todos los jueves. Entrábamos a la iglesia y teníamos que confesarnos, para eso había un libro de mierda que te hacía preguntas intrusas, las contestabas con honestidad y te metías al confesionario. Ahí estaba un señor de vestido, porque eso es tener sotana, que te decía cuánto habías ofendido a Dios y cuánto había que rezar para ver si te perdonaba.

Parece que a mí no me perdonó nunca, porque hoy siento que el mismísimo diablo vive entre mi garganta y el comienzo del tórax. Si tuviera forma, le daríamos la de una cucaracha alimentada de Monsanto, criadita, monstruosamente grande.

Eso es lo único que tengo que contar hoy día.4

Rejas para mi cabeza

Cuando era más joven e inocente, quería vivir en la cárcel. Tengo una cabeza y un corazón que necesitan saber que cualquier pensamiento o sentimiento tienen un muro cercano. Creía que ahí adentro la vida tendría un cerco eléctrico que le pondría fin a cualquier desmadre interno.

Después, más interesada en conocer la realidad de la gente que ahí vivía, esimagecuchaba cosas tan absurdas como que no se podían bañar, que sus cuerpos eran sarcófagos de todo tipo de parásitos y que cuando, a las que parían adentro les quitaban a sus hijos, se reventaban la cabeza contra las murallas.

Nada de eso pasa. Acá la única que quiere chocar contra los muros soy yo.

La vida es más naturalmente sana de lo que se cree.

La mayoría de las mujeres que tiene a sus hijos estando privadas de libertad, los entrega a algun familiar cercano para que lo cuide. Ocurre que por normativa internacional los niños no están presos, entonces hace pocos años solo pueden estar un año junto a sus madres. Antes eran dos.

Las mujeres en general prefieren que los cuiden donde no hay rejas. Y muchos de esos niños nacen de relaciones entre padres privados ambos de libertad. Entonces en general es una abuela o tía materna la que los cuida.

Sin pena, porque la vida en eso es sabia. Veo llegar a esos seres maravillosos a visita y soy la unica a la que se le produce el inmediato nacimiento de un dragón de komodo en mi guata de angustia. Ellos se abrazan felices. Y saben algo que yo no. Que hay un orden. Un principio y un fin. Que las visitas se acaban por un lugar con plazas y teles que yo no tengo y que la prisión también se acaba. Si se tienen ganas y no te acostumbras.

En cambio yo vivo en cadena perpetua con esta cabeza que algún dios o involución de simio me dio.

 

Un buen día pisé la cárcel

Manos Libres se llamó así un buen o mal día en que descubrí que todas en la cárcel tenían celulares, ese día se produjo al poco andar, en realidad debe haber sido el mismísimo día que pisé por primera vez este lugar. Pensé y pienso que es lo primero y único que debiera permitir Gendarmería. Sí, se hacen estafas telefónicas, pero hoy día desprecio profundamente al que es tan huevón de pararse y partir a un cajero a juntarse con su verdugo.

Entramos con mi amiga Coni, ella muy rubia y de ojos azules, yo  bien negra y peluda. En fin, la distinta era yo. A ella le habían tirado pollos la primera vez que pisó la cárcel, a mí nadie me miró, porque ellas me encontraron negra, sin visos ni rímel, más encima venía de afuera y no era capaz de ponerme ni tacos, ni un buen terraplén fui capaz de sacar para la ocasión.

Y ahí yo, esperando sortear el pollo, y el puto pollo nunca llegó, porque a nadie le importó que yo fuera. Me pidieron cigarros, yo la muy huevona no fumo, me pidieron plata para comprarse confort, yo la muy más huevona les creí y les pasé plata. No necesitaban. Era mentira. Y la que necesito confort soy yo, para sonarme por tonta.

La Coni adoraba a la Carlita, que acababa de parir a su hija, la Yonidíp. Sí, tal cual, así le puso. Ella le compró perlitas y la otra juró por todos los cielos que no las pensaba vender. A los dos días las perlas ya no estaban. A mí me dio rabia, a la Coni le dio lo mismo.

Y yo me hice amiga de la Ale, que me miente cada vez que me ve, hace tres años, y me da lo mismo también, porque en la cárcel que te mientan pasa a ser un privilegio, una muestra de confianza y cercanía, te pichulean porque te sienten que eres de las mismas, que estás en esa categoría cercana.

Eso tengo que contarles hoy, porque es importante que sepan que voy a escribir estupideces acá para que las lean o sigan de largo, porque así nunca más me preguntan cómo voy a la cárcel y por qué no tengo miedo. La respuesta está acá. Yo soy más hocicona, tengo memoria de lo que me han hecho y me creo inspectora de escuela rural.

Este reloj lo hizo la Ale, no hace nada, solo me miente y una vez hizo esto.16-obra_