Las sin tele

El lunes fuimos con la Esperanza, mi hija, siete años, a comprar una televisión. No teníamos. En nuestra casa solo la Mónica tiene su TV, ella es su segunda madre, mi segunda piel, la mujer que es responsable de casi toda la buena educación que tiene mi hija, que me soporta como jamás lo ha hecho un hombre, desde antes de que nuestra Esperanza, es de las dos en verdad, tuviera un mes.

Bueno, estábamos en la cárcel hace algunos días y el Chapu, es mujer, ya hablaremos de el cambio de identidad sexual en otro capítulo, me dijo, Juanita, ¿ustedes son las sin tele?, no entiendo cómo viven así.

Y siempre es un tema esto de que yo me creo Waldorf, que no me gusta tener tele, por eso la llamo de manera vintage, televisión. En realidad no sé cuándo agarré la maña. Cuando chica tuvimos a color cuando me gané una en Sábados Gigantes, sí, salgo seguido ahora en los recuentos, muy parecida a Mafalda pero con mucho menos gracia y más antipatía.

En la cárcel me cuentan que sin su tele se mueren, que tipo seis, cuando las cuentan de nuevo y se encierran, prenden su aparatito y se olvidan del mundo. Los fines de semana trabajan en Manos Libres en la cama de alguna con mejor tele y se juntan alrededor de ella.

Yo tengo en este segundo como visión a mi lado un par de plantas de pies chiquititos que se mueven de arriba para abajo mientras ve a una siútica que supongo es la nueva versión de Violetta. Ella ve su programa feliz y hasta sospecho que me quiere un poco más. Yo sueño con apagarla porque encuentro que ahora sabría demasiado si la prendo y eso me da más angustia que la que naturalmente tengo. Es decir, no me cabría.

Pero tengo tele, tengo una cosita maravillosa a mi lado con una sonrisa embobada mirando la mierda que con gracia atornillaron en la pared en esta tan poco minimal casa y bueno, algo más en lo que nos parecemos las mujeres del C.P.F. y yo.

Buenas noches.965875